¿Qué pasa con el templo de San Antonio de Padua en Gigante?

 ¿Qué pasa con el templo de San Antonio de Padua en Gigante?

La iglesia colonial San Antonio de Padua ha estado al servicio de los giganteños durante décadas, sin embargo, ha pasado más de un año y las obras de reconstrucción se encuentran paralizadas y los feligreses no han vuelto a lugar donde acostumbraban celebrar sus ritos litúrgicos.

En marzo del 2018, el sacerdote José Arley Bermeo fue nombrado párroco de la Iglesia San Antonio de Padua y de inmediato inició los procesos de adecuación a las obras que se encontraban en mal estado. Lo primero fue una propiedad ubicada en la esquina contigua al templo cuyo estado era deplorable y figuraba en el inventario departamental como “casa cural vieja”, razón por la cual, era obligación de la parroquia solucionar la problemática infraestructural de ese lugar, el cual estaba a punto de colapsar. A continuación, el párroco Arley Bermeo:


Presbítero José Arley Bermeo

Al interior del templo, el techo del presbiterio evidenciaba vigas apolilladas y podridas las cuales amenazaban colapsar el techo. Adicional a ello y debido a los temblores presentados durante la fecha, ocasionaron la debilitación de las vigas principales y colocaron en mayor riesgo la destrucción de esa área.

En este momento la obra se encuentra frenada porque la presentación de esos proyectos implica mucho dinero con el que la parroquia no cuenta, ya que se invirtió una gran cantidad en la reparación de la casa vieja y el techo del presbiterio, y no se han podido gestionar nuevos recursos debido a la emergencia sanitaria.

La intención ahora es iniciar la reparación en la capilla del templo, lo que implica una intervención de 10 metros de ancho por 21 metros de fondo. Una primera cotización con la ayuda de dos ingenieros, uno estructural y otro especialista en obras patrimoniales arrojaron como resultado un costo que ronda entre los 120 y los 150 millones de pesos, recursos con los que la Iglesia tampoco cuenta y están a la espera de la ayuda de la administración municipal.

Uno de los principales problemas es que el Ministerio de Cultura no ha podido visitar la obra y sin la autorización de ellos no es posible dar inicio a la obra. El otro problema en el que están frenados es que al ser una obra patrimonial ellos exigen que se tiene que reparar con madera. En ésta situación en la que estamos ahora, acabando de salir de un periodo de verano que ciertamente afectó todas las zonas de las cosechas y la primera fuente de ingreso de nuestros municipios es el café, que por el verano, parte de la cosecha se ha perdido y el impacto negativo también ha generado la deforestación, no se cuenta con capital para la compra de materiales ni personal que se encargue de ejecutar la obra. La madera nueva toca traerla del Caquetá o del Putumayo y ante el problema de la deforestación es un pecado ecológico tumbar árboles para sacar madera sabiendo que ahora existen maneras más fáciles de construir con estructura metálica.

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Francisco Basto Triana

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